
En los últimos días, México ha sido testigo de dos tragedias que deberían sacudir las conciencias de todos, pero especialmente la de aquellos que prometieron protegernos. En Morelos y Sinaloa, dos niños inocentes, con vidas llenas de sueños y potencial, cayeron víctimas de la violencia desatada que parece ser el legado de un gobierno incapaz y desinteresado.
El primer caso, en Morelos, nos muestra a un niño de 11 años asesinado por una bala perdida en un país donde la seguridad es un mito. Este niño no era parte de ningún conflicto, no estaba en el lugar equivocado, sino que su única culpa fue vivir en una nación donde la protección del Estado es una ficción. El segundo caso, en Culiacán, es aún más atroz; Alexander, de solo 9 años, junto con su hermano Gael y su padre, víctimas de un ataque que parece sacado de una guerra, pero no, esto es México bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum.
¿Dónde están las políticas de seguridad prometidas, Claudia? Los morenistas han elevado la corrupción y el clientelismo a arte, pero han dejado la seguridad pública en el abandono más absoluto. La estrategia de “abrazos, no balazos” ha resultado ser una farsa, un eslogan vacío que ha llenado las calles de sangre inocente en lugar de paz. ¿Qué han hecho con los recursos destinados a la seguridad? ¿Dónde está el cambio que tanto prometieron?
La administración actual ha fracasado estrepitosamente en su deber más básico: proteger a sus ciudadanos. Los cárteles operan con impunidad, creando zonas de guerra en nuestras ciudades, y ni siquiera los niños están a salvo. La reciente designación de cárteles como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos debería ser una bofetada de realidad para un gobierno que prefiere cerrar los ojos ante la realidad.
La violencia en México no es un fenómeno nuevo, pero su recrudecimiento bajo este gobierno es innegable. Las políticas de seguridad parecen ser más una pantomima que un compromiso real con la paz y la justicia. Mientras los políticos juegan al poder, los niños pagan el precio más alto. ¿Qué dirán los padres de Alexander y del niño de Morelos cuando se enfrenten a la realidad de que sus hijos murieron en una guerra que el gobierno no ha sabido o querido controlar?
Claudia Sheinbaum y su equipo necesitan más que disculpas o promesas vacías. Necesitamos acción, necesitamos resultados. Si no pueden garantizar la seguridad de los más vulnerables, ¿qué derecho tienen a seguir gobernando? Este no es solo un fracaso de políticas; es un fracaso humano, moral, y un monumento a la ineptitud.
Es tiempo de que México demande no solo justicia por estos niños, sino un cambio radical en cómo se aborda la seguridad. Ya no basta con lamentar, se requiere actuar. Porque mientras el gobierno sigue en su inercia, más niños, más familias, se suman a la lista de víctimas de una guerra que el Estado ha perdido antes de comenzar a pelearla.