¡El Choque que Nadie Vio Venir!

¡El Choque que Nadie Vio Venir!

El 10 de julio de 2025, en un cruce a nivel cerca de la estación Pino Suárez, en Macuspana, Tabasco, un tren del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec chocó violentamente contra un tráiler que intentó ganarle el paso. La locomotora quedó dañada, el tráiler destrozado. No hubo heridos graves reportados, solo daños materiales. La Secretaría de Marina, operadora del tren, lo llamó “incidente menor”. Claudia Sheinbaum, en mañanera, prometió revisar cruces y señalización. Silencio de Pemex y conexiones con Dos Bocas.Dos lecturas posibles.

La superficial: un error humano común en cruces sin barreras adecuadas, un conductor imprudente en una zona rural. Al final, el Interoceánico es el gran sueño de conectar océanos, impulsar carga y pasajeros, rival del Canal de Panamá. Pero vayamos al fondo. Este choque destapa negligencias profundas: vías rehabilitadas a prisa, adjudicaciones directas al Ejército sin licitaciones reales, auditorías que brillan por su ausencia. Desde su lanzamiento con López Obrador, el proyecto acumuló irregularidades –contratos opacos, sobrecostos no explicados, según la ASF en revisiones de 2024. En julio de 2025, este “incidente” se suma a otros: solo semanas después, otro choque con un taxi el 27 de julio, dejando dos lesionados. Implicaciones nacionales brutales: no solo arriesgamos vidas en vías inseguras, sino que cuestionamos si estos megaproyectos unen o dividen, si traen desarrollo o solo propaganda mientras el sureste sigue olvidado.

Datos duros que indignan. Antecedentes sobran: en enero de 2025, un vagón de carga del Tren Maya volcó en Quintana Roo; en agosto, otro descarrilamiento en Izamal sin heridos graves. El Interoceánico ya sumaba choques previos en 2024. Según reportes de la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario, incidentes en vías federales subieron 40% desde 2019, ligados a rehabilitaciones apresuradas y recortes en mantenimiento. La ASF detectó en 2024 irregularidades en 70% de contratos militares para trenes, con millones desviados.

Y Dos Bocas, enlazada al Interoceánico por líneas de carga, operaba ese julio con fallas eléctricas recurrentes, procesando apenas la mitad de su capacidad prometida. Estadísticas de INEGI: accidentes en obras públicas federales crecieron 35% en el sexenio, con cero responsables juzgados.Apuntemos nombres. Andrés Manuel López Obrador, el impulsor, entregó el Interoceánico a la Marina sin competencia, eximiendo supervisión civil. Rocío Nahle, desde Energía, defendió conexiones con refinerías fallidas. Claudia Sheinbaum hereda el lío y lo minimiza como “avances”.

La Semar, bajo almirantes leales, ignora alertas de expertos sobre cruces peligrosos sin plumas ni sensores. Ironía: prometen soberanía interoceánica, pero dependemos de vías que chocan con tráilers por falta de barreras básicas. Políticamente incorrecto, pero real: esto es priorizar inauguraciones sobre vidas, control militar sobre expertise técnica.Este choque no es aislado; expone la falla estructural de México: megaproyectos como botín político, impunidad en adjudicaciones directas, ausencia de un Estado que audite de verdad. Complicidades entre poder y constructoras dejan vías vulnerables, poblaciones en riesgo.

Uno se pregunta: ¿cuántos “incidentes menores” más para que veamos que el desarrollo forzado es solo fachada, devorando presupuestos mientras el pueblo paga con peligro?Debería servir de espejo, este tráiler destrozado. No más minimizaciones; exijamos barreras, auditorías independientes, responsabilidades. Si seguimos aplaudiendo choques disfrazados de progreso, somos cómplices del descarrilamiento mayor. México merece conexiones seguras, no promesas que chocan contra la realidad.

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