¡El Senado en Llamas: ¿Culpa de la Oposición o Herencia de la Polarización Morenista?

¡El Senado en Llamas: ¿Culpa de la Oposición o Herencia de la Polarización Morenista?

El 27 de agosto de 2025 quedará grabado en la historia mexicana como el día en que el Senado se transformó en un ring de lucha libre barata. Alejandro “Alito” Moreno, líder del agonizante PRI, agredió físicamente a Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Mesa Directiva y fiel escudero de Morena. Empujones, golpes y un colaborador lesionado en el piso, todo ante las cámaras y justo después de entonar el Himno Nacional.

Un espectáculo bochornoso que, en la superficie, parece un pleito de egos entre dos políticos temperamentales. Pero escarbemos más profundo: este incidente no es un accidente aislado, sino el síntoma putrefacto de un régimen que ha envenenado la democracia mexicana con su retórica divisiva y su control autoritario.Las repercusiones fueron inmediatas y reveladoras. Al día siguiente, el 28 de agosto, Noroña presentó una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República (FGR) por lesiones, amenazas y daños, exigiendo el desafuero de Moreno y sus aliados priistas. Morena, con su mayoría aplastante, se victimizó al instante: Noroña fue retratado como el mártir de una “agresión cobarde en montonera”, mientras la oposición era tildada de “hipócrita” por la propia presidenta Claudia Sheinbaum. En los días siguientes, hasta el 4 de septiembre, el escándalo dominó los titulares. Sesiones extraordinarias condenaron los hechos –sin la presencia de PAN ni MC–, y la FGR programó una reconstrucción de hechos para el 5 de septiembre. Videos virales, memes y columnas de opinión inundaron las redes, polarizando aún más a una sociedad ya fracturada.Pero ¿quién es el verdadero culpable? No nos engañemos: este caos es el legado directo del gobierno de Morena.

Durante años, bajo Andrés Manuel López Obrador y ahora con Sheinbaum, el oficialismo ha cultivado una polarización tóxica que etiqueta a cualquier disidente como “traidor a la patria”. Recuerden el contexto: el altercado surgió de un debate sobre las declaraciones de la senadora Lilly Téllez (PAN), quien pidió ayuda extranjera contra el narco. Morena lo usó para acusar de traición, silenciando voces opositoras y cambiando el orden del día a capricho. Noroña, con su estilo confrontacional y arrogante, encarna esa soberbia oficialista que cierra micrófonos y provoca reacciones desesperadas. ¿Violencia primitiva de la oposición? Sí, pero ¿quién los acorraló hasta el punto de romper el decoro institucional?Las cifras duelen y exponen la hipocresía del régimen. En los últimos tres años de la 4T, el Canal del Congreso reportó al menos 15 incidentes de agresiones físicas o verbales extremas en sesiones, un aumento del 40% respecto al sexenio anterior.

Mientras el Senado se desmorona, México acumula más de 200 mil homicidios desde 2018, con el gobierno presumiendo “reducciones” que nadie siente en las calles. Sheinbaum, en su primer año de mandato, guarda un silencio cómplice ante estos espectáculos, como si no le correspondiera domar a su propia bancada. En lugar de promover diálogo, Morena impone su mayoría absoluta, reformando instituciones a su antojo –como la judicial, que en junio de 2025 vio elecciones masivas manipuladas para asegurar lealtad al poder ejecutivo.Este episodio conecta con la falla estructural más grave: la impunidad rampante bajo Morena. La FGR, convertida en brazo político del gobierno, duerme las denuncias contra sus aliados mientras persigue a opositores. Moreno, con su historial de audios corruptos, actúa como matón porque sabe que el PRI está en extinción, pero el verdadero escándalo es cómo Morena ha convertido el Congreso en un monólogo autoritario. ¿Resultado? La oposición, marginada y frustrada, recurre a puños en vez de argumentos. Es el colmo de un régimen que prometió transformación y entregó regresión: de la “cuarta transformación” a la cuarta república bananera.Uno se pregunta: ¿hasta cuándo toleraremos que nuestros representantes resuelvan diferencias a golpes mientras el país se desangra? Las repercusiones de este incidente van más allá de un moretón o un desafuero fallido.

Han profundizado la brecha social, erosionado la confianza en las instituciones y expuesto la fragilidad de una democracia cooptada por un partido que se cree infalible. Sheinbaum, con su retórica de “continuidad”, solo perpetúa el ciclo: más polarización, más impunidad, menos gobernabilidad. Los ciudadanos pagamos el circo, pero somos cómplices por omisión. Es hora de exigir rendición de cuentas real, no solo tuits y conferencias mañaneras. Si no, preparémonos para más senados en llamas y un México cada vez más dividido. La verdadera transformación empieza rechazando este autoritarismo disfrazado de cambio.

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